Durante la infancia, las únicas diferencias que hay entre un niño y una niña se limitan a la anatomía de los órganos genitales externos. La pubertad representa el período de transición en el que la morfología corporal se modifica por la aparición de los caracteres sexuales secundarios.
Los cambios morfológicos que tienen lugar en la niña se inician al final de la primera década. En esta época, debido al efecto activador de las gonadotrofinas hipofisarias se inicia la maduración de algunos folículos ováricos y comienza la secreción de estrógenos. Bajo su influencia comienzan a redondearse los contornos corporales y a desarrollarse las glándulas mamarias al mismo tiempo que se inicia el crecimiento del pelo pubiano y brotan granos de acné, probablemente por la influencia de las hormonas androgénicas elaboradas por la corteza suprarrenal. El desarrollo mamario recibe el nombre de telarquía; el crecimiento del vello pubiano se denomina pubarquía.
Los estrógenos estimulan el desarrollo del útero y de las restantes estructuras genitales. El endometrio prolifera y llega a descarnarse, produciéndose la primera menstruación o menarquia, la cual casi nunca va acompañada de ovulación puesto que las primeras menstruaciones, irregulares en el tiempo y en cantidad, suelen ser anovulatorias. El comienzo de la menarquia es alrededor de los 13 años, pero los ciclos con ovulación pueden no darse hasta los 15 y aun los 18 años.
La muchacha púber todavía no ha alcanzado la madurez sexual necesaria para poder ser fecundada y poder desarrollar un embarazo. En consecuencia, desde la aparición de la menarquía hasta la completa madurez morfológica y funcional se extiende un período más o menos largo, que puede llegar hasta 5 años. Se llama nubilidad al momento en que la muchacha alcanza esta madurez que le permite ser madre.
La mujer normal mantiene su periodo de madurez sexual por espació de20 a25 años, pasados los cuales comienza un período de declinación en el que recorre un camino inverso al de la pubertad. Durante la pubertad, la muchacha menstrúa, pero raras veces ovula, existiendo, por tanto, un período de esterilidad fisiológica; la mujer, después de los 40 años, solamente en casos poco frecuentes conserva su plena capacidad de fecundación y a partir de los 45 su índice de fertilidad suele ser nulo. La mujer en este período premenopáusico deja de ovular y sus menstruaciones se vuelven irregulares hasta que cesan definitivamente. Ha entrado en la menopausia, término que sólo significa el cese de las reglas pero que nunca representa el fin de la vida sexual, la cual puede prolongarse durante un largo período posmenopáusico y a veces hasta la senectud de una forma muy ostensible.
Climaterio o edad crítica a una serie de trastornos endocrinos y nerviosos que preceden y acompañan a la menopausia y se prolongan en el período posmenopáusico.
La actividad endocrina de los ovarios decae progresivamente sin que, en bastantes casos, cese por completo. En consecuencia, todos los órganos relacionados fisiológicamente con las hormonas estrogénicas tienden a atrofiarse; los labios vulvares adelgazan, el monte de Venus se aplana, la vagina pierde su elasticidad, el útero disminuye de tamaño y las mamas pierden su turgencia y se vuelven fláccidas y colgantes. Al mismo tiempo, suelen presentarse ligeros signos de virilización, casi siempre en forma de un inoportuno bigote, y aun rasgos típicos de psicología varonil. Es ésa la época de la vida en que, si se quedan viudas, las mujeres revelan insospechadamente una extraordinaria firmeza de carácter y asumen el papel del padre de familia con toda eficacia.
La hipófisis, liberada del freno que sobre ella ejercen los estrógenos, produce cantidades crecientes de gonadotroflna folículo estimulante y a este fenómeno se atribuyen las sofocaciones, en forma de oleadas de calor que suben hacia la cabeza y se acompañan de enrojecimiento de la cara y de sudoración profusa.
Son también frecuentes los aumentos de la presión arterial y los trastornos del ritmo cardíaco, los dolores óseos o musculares y la tendencia a la obesidad. Las repercusiones psíquicas del climaterio son constantes, pero muy variables en su forma e intensidad, dependiendo de factores personales, familiares y sociales. En la mayor parte de climatéricas se presenta un aumento de la emotividad y, a veces, carácter inestable, voluble o irritable. Los trastornos del carácter pueden manifestarse por cierto grado de apatía y de indiferencia o, por el contrario, por una actividad desacostumbrada o bien por, como ya señalamos, una firmeza netamente masculina.
La conducta sexual también se modifica. Algunas mujeres experimentan una disminución gradual del deseo que puede llegar a la aversión hacia todo lo relacionado con el sexo, lo que puede ocasionar graves discordias conyugales. Otras, reaccionan en sentido inverso presentando una hipersexualidad que puede ser causa de insatisfacción y serios problemas dentro de la vida matrimonial.