La Importancia de Los Cromosomas Sexuales
La concepción es la unión de un espermatozoide con un óvulo, con la formación inicial de una célula única llamada huevo o zigoto que, a través de infinitas particiones y diferenciaciones, dará origen a un nuevo ser que, en el momento que tiene la suficiente capacidad para una vida autónoma, es expulsado del seno materno en el acto del parto. La información genética que regirá la multiplicación del zigoto y orientará su diferenciación hacia uno u otro sexo se encuentra en el ácido desoxirribonucleico de su núcleo. Éste se presenta apelotonado como Urmando un ovillo, llamado cromatina, pero al dividirse las células se descompone en una serie de estructuras independientes que reciben el nombre de cromosomas.
Á excepción de las células germinales, todas las células del organismo tienen una dotación de 46 cromosomas. Hay 44 que son iguales en ambos sexos y se llaman autosomas y dos, que son las gonosomas o cromosomas sexuales, que son diferentes en el varón y en la hembra. Los gonosomas de las células del varón tienen distinto tamaño y se designan como cromosoma X y cromosoma Y, siendo este último el menor. Las células del cuerpo de la mujer tienen dos gonosomas iguales, es decir, dos cromosomas X.
Las alteraciones en el número de cromosomas son causa de anomalías generales o sexuales, según afecten a los autosomas o a los gonosomas. La más conocida de las primeras es el mongolismo, caracterizada por la presencia de un autosoma suplementario, de forma que el número total de cromosomas es de 47. Entre las alteraciones de los gonosomas hay el síndrome de Turner; se trata de mujeres con ausencia congénita de ovarios y en los que falta un cromosoma X. En el síndrome de Klinefelter hay los ganosoinas XXY y el individuo se desarrolla con el aspecto de un varón, si bien sus testículos carecen de células germinativas.
En las primeras fases del desarrollo embrionario los esbozos de gónada son iguales en ambos sexos. La diferenciación de esta gónada hermafrodita o biopotencial hacia un testículo o un ovario depende de la información codificada en los, gonosomas. La presencia del cromosoma Y dirige el desarrollo hacia la formación de un testículo, mientras que para la formación de los ovarios son indispensables dos cromosomas X.
Análogamente, el embrión posee al mismo tiempo los esbozos del tracto genital correspondientes a ambos sexos; son los conductos de Wolff y los conductos de Müller. Cuando las gónadas bipotencíales se diferencian en testículos, los conductos de Müller se atrofian mientras que los de Wolff darán origen a los epidídimos, deferentes y próstata. Inversamente, si la gónada embrionaria se transforma en ovario, los conductos de Wolff degeneran y de los de Müller se originan las trompas y el útero.
Durante las primeras fases del desarrollo el aspecto de los genitales externos también es igual en ambos sexos. Su diferenciación masculina depende de las hormonas virilizantes producidas por el testículo fetal. Cuando éstas no se producen, el desarrollo se orienta siempre hacia el sexo femenino, aun cuando las gónadas y las restantes estructuras genitales pueden corresponder a un varón; el resultado puede ser un seudohermafroditismo masculino con un escroto bífido, parecido a una vulva, y un pene atrofiado y semejante a un clítoris. Cuando el feto femenino es sometido a la acción de hormonas virilizantes, los genitales externos se diferencian en sentido masculino dando origen a un seudohermafroditismo femenino con fusión de la hendidura vulvar y desarrollo de un clítoris de aspecto peniforme.