Los testículos son las glándulas sexuales del varón. Se hallan situados dentro de una bolsa o escroto que cuelga por debajo de la pelvis. Los testículos del adulto incorporan dos sistemas funcionales: el intersticial o células de Leydig, para la elaboración de la hormona sexual masculina, y el sistema de túbulos seminiferos, para la producción de los espermatozoides o células germinales. La testosterona u hormona sexual masculina pasa directamente a la sangre. Los espermatozoides pasan a los epidídimos, que son dos órganos, uno encima de cada testículo, formados por una serie de canales apelotonados dentro de los cuales terminan su maduración. Los epidídimos conectan con un largo tubo, el deferente, que asciende hacia la pelvis para desembocar, junto con las vesículas seminales y los conductos excretores de la próstata, en la uretra posterior. La próstata y las vesículas seminales proporcionan el líquido seminal que sirve de medio nutritivo y de dilución de los espermatozoides.
El pene o falo es el órgano de la cópula, que facilita el depósito de los espermatozoos en la vagina femenina, pero pertenece también al aparato urinario y sirve para la emisión de la orina.
La función espermatogenética es termosensible y dentro del escroto la temperatura es dos o tres grados menor que en la cavidad abdominal. Si, por un defecto anatómico u hormonal, los testículos no descienden a las bolsas, se detendrá la formación de espermatozoides, pero no la de hormona sexual masculina. Este trastorno recibe el nombre de criptorquidia.
La erección o tumescencia del pene es el signo principal de la excitación sexual del varón. Va acompañada de la salida de unas gotas de un líquido, semejante a la glicerina, procedentes de unas pequeñas glándulas situadas en las proximidades de la uretra. Este líquido mucoso sirve para la lubricación del glande como preparación de la cópula.
La sensación de orgasmo sexual se acompaña de la eyaculación del semen. En el hombre, el orgasmo termina rápidamente, siguiendo luego un período refractario, mientras que la mujer puede presentar múltiples orgasmos en rápida sucesión. El varón adulto raras veces consigue el orgasmo sin la previa estimulación de los órganos genitales, pero la mujer puede obtenerlo por estimulaciones extragenitales y hasta psíquicas.
El eyaculado, líquido seminal, o simplemente semen, es un líquido espeso, blanquecino, de un olor característico que recuerda al de la lejía. Su volumen varía entre 2 y 6 cc, según la edad, el período de continencia y la intensidad de la excitación sexual. El semen está compuesto del plasma seminal y de los espermatozoides, cuyo número es de80 a100 millones por cc., aunque no raras veces puede llegar al doble. El número mínimo que se considera compatible con la fertilidad es de 20 millones por cc. Para valorar la capacidad de fertilización debe efectuarse un examen completo del semen, después de tres o cuatro días de abstinencia; hay que valorar el volumen del eyaculado, el número de espermatozoides, su morfología y vitalidad. El índice de fertilidad de un varón se expresa por la “regla de los sesenta”: el semen normal debe contener un mínimo de 60 millones de espermatozoides por centímetro cúbico, con una movilidad a las dos horas de al menos 60 por cien y con un 60 por cien de formas normales.
El espermatozoide mide unas 55 micras o milésimas de milímetro. Consiste en una cabeza, un segmento intermedio y la cola u órgano de locomoción. La cabeza contiene un núcleo voluminoso formado por ácido desoxirribonucleico, portador de la clave genética de la herencia y del determinismo sexual. Gracias a los movimientos a modo de látigo de su cola los espermatozoides, una vez eyaculados, avanzan a una velocidad de3 a5 milímetrospor minuto; en comparación con su tamaño equivale a la de un camión viajando a100 kmpor hora o a la de un hombre que ande a paso normal. Dentro del tracto genital femenino avanzan mucho más aprisa y pueden alcanzar las trompas en menos de una hora.
La hormona sexual masculina es la testosterona. De su acción depende, al llegar a la pubertad, el desarrollo de los órganos genitales y la aparición de los caracteres sexuales. La erección, la eyaculación y la espermatogénesis dependen también de una producción adecuada de testosterona.
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